Era 5 de Marzo de 2008 y unos cuantos valientes, concretamente 40, divididos entre Arquitectura, Obras Públicas y Química nos disponíamos a partir en un viaje en avión de 8 horas hacia tierras caribeñas, al paraíso conocido como Punta Cana. Santo Domingo nos esperaba y sus playas cristalinas y la blanca arena ansiaban con sonrojo nuestra llegada.
Tras un viaje en avión en el que las turbulencias fueron una constante considerable y en el que muchos de nosotros nos vimos todas las películas disponibles en la pantallita particular de cada uno, conseguimos llegar a tierra.
A la llegada al aeropuerto y tras recoger nuestras maletas nos dirigimos hacia la puerta de salida donde un amable hogareño nos esperaba en el autobús para llevarnos al hotel. Lo que no esperábamos es que ese amable hombre fuera acompañado de 3 forzudos hombretones que nos ayudaron a cargar las maletas, no sin antes decir la frase de "venga chicos colaboren eh, colaboren por favor" añadiendo a estas palabras la colocación de su mano boca arriba...jajaja. Muchos intentamos evitar pasar por caja, pero ese hombre tenía la capacidad del rayo para desplazarse de un sitio a otro y conseguir que nadie se escapase sin aportar un granito de arena!
Llegamos al Hotel y se formó el lío de las habitaciones. Tras varios sorteos y conversaciones nos ubicamos y a un servidor le tomó compartir cama con el honorable Vindel, con quien pasaría grandes experiencias en esta isla.
Tras dejar las maletas esa misma noche, y con una pulsera en nuestra muñeca que nos permitía consumir todo lo que quisiéramos a cualquier hora del día, Juan, Julio, Fran y yo nos dirigimos corriendo hacia el chiringuito ubicado más cerca de la playa y nos pedimos un par de bebidas de la casa, para comenzar con buen pie, y acto seguido nos metimos sin pensarlo en las aguas de aquella isla, saliéndonos en seguida porque el oleaje era cuanto menos considerable...y es bien sabido que el alcohol y las olas nunca son buena combinación ;)
Pasamos muchas experiencias allí, y es imposible contarlas todas, pero sin duda la fiesta en el Catamarán, la visita a Isla Saona y el nadar con tiburones fueron de las experiencias más bonitas allí vividas. Sin olvidar por supuesto las incontadas horas que pasamos apoyados a la barra del bar sumergido en la piscina central del complejo Gran Oásis Punta Cana!
De la fiesta en el Barco poco se puede decir. Se trataba de un catamarán gigantesco y estábamos prácticamente todos. Había una red en medio del barco donde podías tumbarte a vislumbrar el asombroso paisaje mientras tomabas un cocktail preparado por los camareros allí presentes y mientras escuchabas como el Dj animaba la fiesta con música que nada más escuchar hacía que no tuvieras más remedio que mover las caderas de una forma que hasta entonces, ni Shakira había sido capaz de emular :P
De esa experiencia en el barco, recuerdo que mientras estábamos allí, un tipo al que muchos apodaron como TIBURÓN no sabemos muy bien porqué jaja, nos contó una historia sobre que la noche anterior había contratado ciertos servicios en la zona y un tipo con chaqueta de cuero se encargó de llevarlo en una furgoneta negra misteriosa hacia un hotel ubicado en un paraje cuanto menos pintoresco. TIburón estaba eufórico y contaba la historia como si hubiera sido la mejor experiencia de su vida jajaja, pero no somos quien nosotros para negarle tal privilegio!
Isla Saona nos deslumbró con sus aguas cristalinas, jamás habíamos visto algo así, y el baño que nos dimos allí, restregándonos como cerdos en la arena nos dejó cuanto menos relajados para disfrutar al máximo del resto de días que allí nos esperaban.
Nada tuvo que ver el relax vivido en Saona con la tensión que sufrimos nadando con los dichosos tiburones. Mientras los hogareños aseguraban con toda seguidad que los tiburones no tenían actividad diurna y que era imposible que nos hicieran nada, nosotros nadábamos sin hacer movivmientos más bruscos de lo normal para evitar cualquier espasmo que les hiciera abrir el estómago de repente y apetecerles, por qué no, una dulce y sugerente pierna humana! No obstante, fue una experiencia inolvidable, porque pocas veces tienes la posibilidad de hacer este tipo de cosas, y menos en un ambiente tan fantástico como aquel.
Una vez repasadas las experiencias bonitas del viaje, pasamos a contar algunas historias y detalles cuanto menos interesantes que allí ocurrieron:
El buffet allí existente era enorme y la variedad de comida era cuantiosa, destacando por encima de todo aquellas maravillosas hamburguesas y patatas fritas que los camareros te servían a altas horas de la madrugada nada más volver de fiesta. Sin embargo, hubo un detalle que me dejó perplejo; mientras Vindel y yo nos disponíamos a ir a nuestra habitación para relajarnos, observamos un rápido movimiento de un ser cuanto menos extraño entre la vegetación que existía en el hotel...nos acercamos poco a poco, porque nos podía la curiosidad, y tras dar varios pasos hacia adelante, saltamos de repente ante el sprint que una "RATA" con palabras mayores emprendió para huir de las miradas de los allí presentes. Acto seguido y visto el tamaño de dicho roedor (parecía un perro), Vindel y yo nos miramos y dijimos....y nos fuimos a nuestra habitación olvidando por completo lo visto :P
Mientras todos disfrutábamos de las ventajas del hotel, Juan seguía con su proceso de ponerse moreno de manera artificial, para lo cual utilizaba unas pastillas que le habían proporcionado, relacionadas con la zanahoria o no se que mas jaja. Estas pastillas, por infortunio para él y descojone para nosotros, causaron un efecto cuanto menos gracioso, pues parte de su cuerpo sufrió cambios de color...mientras la otra parte permanecía del color original. Sus pies se hincharon considerablemente, pero por suerte todo pasó rapidamente. Hoy día todavía nos seguimos preguntando, ¿Qué coño llevarían esas pastillas? ^^
Una de las noches, una expedición considerable formada por varios chicos y chicas de Obras Públicas descubrimos que varios de los chiringuitos de "souvenirs" del hotel quedaban ligeramente abiertos o mal cerrados por las noches. A Fran, el cabecilla sin lugar a duda de todo esto, se le ocurrió la genial idea de acercarnos y meter la mano por las rendijas existentes para conseguir premios a nuestra estancia en el hotel. Todos fuimos pasando por caja y sinceramente no me gustaría ver la cara de muchos de los pobres Vendedores cuando al día siguiente observaran sus tiendas revueltas y vacías... . Nos repartimos el botín (siendo la mayoría de él collares horribles que no le daría ni a mi peor enemigo), y planeamos para la siguiente noche el que podría haber sido llamado como el "golpe del siglo"...pero por alguna razón, a partir de aquel momento ciertos señores aparecieron cada noche sentados en silletas en los tejados de las casas que rodeaban el patio del Hotel...llevando en sus manos lo que parecían ser escopetas., con lo que mejor casi que lo dejamos para otro viaje! jajaja.
Uno de las últimas noches, algunos de nosotrsos descubrimos la existencia de un maravilloso SPA ubicado en los escondrijos de aquel curioso hotel. Este descubrimiento fue debido a nuestra increible habilidad para mandar las pelotas de tenis a una gran distancia del lugar en el que se suponía que tenían que caer ;). El SPA tenía chorros, hamacas y aguas a diferente temperatura y con todo esto y el ambiente que se respiraba, no podíamos desaprovechar la oportunidad para fotografiar aquella experiencia con unos puros habanos de calidad, intentando aparentar ser ricachones que disfrutaban de unas tranquilas vacaciones en un viaje de negocios jaja!
La última noche, fue muy especial, bailamos la pera (un baile que tiene una coreografía digna de Fama), comimos nuestras últimas patatas fritas y recordamos todo lo que en aquella maravillosa isla habíamos pasado. Tras muchos bailes, bebidas y conversaciones, Juan y yo nos fuimos a la playa a tumbarnos en las hamacas y hablar de nuestras cosas.
Pasaron muchas otras cosas en ese viaje, como la apuesta de Vindel para ligarse a Ana Aroca, la pelea en el barro entre Rosa y Sonia (de la que todos tenemos una película en nuestra cabeza, por la emoción claro está ;) jajaja) o simplemente la forma de llamarme por parte de los miembros del hotel diciendo: "Es usted el señor YAINIS LOSANO", un nombre que sin duda quedará para la historia de todos nosotros ;)
Aquella última noche como decía, finalmente nos quedamos durmiendo y pasaron unas cuantas horas hasta que el sol de Punta Cana se dignó a despertarnos. Nada más despertarnos, vimos el sol, las palmeras y las aguas cristalinas que nos rodeaban, y tras echar un breve vistazo a mi cuerpo, que misteriosamente se había puesto moreno en tan solo una mañana de siesta, le dije a Juan, "Solo por esto, este viaje ha merecido la pena" :)
A todos los que formaron parte de aquella expedición y especialmente a los amigos de Obras Públicas, porque érais, sois y seréis muy grandes.
Os dejo aquí la canción que causó sensación durante todo el viaje :)
Tras un viaje en avión en el que las turbulencias fueron una constante considerable y en el que muchos de nosotros nos vimos todas las películas disponibles en la pantallita particular de cada uno, conseguimos llegar a tierra.
A la llegada al aeropuerto y tras recoger nuestras maletas nos dirigimos hacia la puerta de salida donde un amable hogareño nos esperaba en el autobús para llevarnos al hotel. Lo que no esperábamos es que ese amable hombre fuera acompañado de 3 forzudos hombretones que nos ayudaron a cargar las maletas, no sin antes decir la frase de "venga chicos colaboren eh, colaboren por favor" añadiendo a estas palabras la colocación de su mano boca arriba...jajaja. Muchos intentamos evitar pasar por caja, pero ese hombre tenía la capacidad del rayo para desplazarse de un sitio a otro y conseguir que nadie se escapase sin aportar un granito de arena!
Llegamos al Hotel y se formó el lío de las habitaciones. Tras varios sorteos y conversaciones nos ubicamos y a un servidor le tomó compartir cama con el honorable Vindel, con quien pasaría grandes experiencias en esta isla.
Tras dejar las maletas esa misma noche, y con una pulsera en nuestra muñeca que nos permitía consumir todo lo que quisiéramos a cualquier hora del día, Juan, Julio, Fran y yo nos dirigimos corriendo hacia el chiringuito ubicado más cerca de la playa y nos pedimos un par de bebidas de la casa, para comenzar con buen pie, y acto seguido nos metimos sin pensarlo en las aguas de aquella isla, saliéndonos en seguida porque el oleaje era cuanto menos considerable...y es bien sabido que el alcohol y las olas nunca son buena combinación ;)
Pasamos muchas experiencias allí, y es imposible contarlas todas, pero sin duda la fiesta en el Catamarán, la visita a Isla Saona y el nadar con tiburones fueron de las experiencias más bonitas allí vividas. Sin olvidar por supuesto las incontadas horas que pasamos apoyados a la barra del bar sumergido en la piscina central del complejo Gran Oásis Punta Cana!
De la fiesta en el Barco poco se puede decir. Se trataba de un catamarán gigantesco y estábamos prácticamente todos. Había una red en medio del barco donde podías tumbarte a vislumbrar el asombroso paisaje mientras tomabas un cocktail preparado por los camareros allí presentes y mientras escuchabas como el Dj animaba la fiesta con música que nada más escuchar hacía que no tuvieras más remedio que mover las caderas de una forma que hasta entonces, ni Shakira había sido capaz de emular :P
De esa experiencia en el barco, recuerdo que mientras estábamos allí, un tipo al que muchos apodaron como TIBURÓN no sabemos muy bien porqué jaja, nos contó una historia sobre que la noche anterior había contratado ciertos servicios en la zona y un tipo con chaqueta de cuero se encargó de llevarlo en una furgoneta negra misteriosa hacia un hotel ubicado en un paraje cuanto menos pintoresco. TIburón estaba eufórico y contaba la historia como si hubiera sido la mejor experiencia de su vida jajaja, pero no somos quien nosotros para negarle tal privilegio!
Isla Saona nos deslumbró con sus aguas cristalinas, jamás habíamos visto algo así, y el baño que nos dimos allí, restregándonos como cerdos en la arena nos dejó cuanto menos relajados para disfrutar al máximo del resto de días que allí nos esperaban.
Nada tuvo que ver el relax vivido en Saona con la tensión que sufrimos nadando con los dichosos tiburones. Mientras los hogareños aseguraban con toda seguidad que los tiburones no tenían actividad diurna y que era imposible que nos hicieran nada, nosotros nadábamos sin hacer movivmientos más bruscos de lo normal para evitar cualquier espasmo que les hiciera abrir el estómago de repente y apetecerles, por qué no, una dulce y sugerente pierna humana! No obstante, fue una experiencia inolvidable, porque pocas veces tienes la posibilidad de hacer este tipo de cosas, y menos en un ambiente tan fantástico como aquel.
Una vez repasadas las experiencias bonitas del viaje, pasamos a contar algunas historias y detalles cuanto menos interesantes que allí ocurrieron:
El buffet allí existente era enorme y la variedad de comida era cuantiosa, destacando por encima de todo aquellas maravillosas hamburguesas y patatas fritas que los camareros te servían a altas horas de la madrugada nada más volver de fiesta. Sin embargo, hubo un detalle que me dejó perplejo; mientras Vindel y yo nos disponíamos a ir a nuestra habitación para relajarnos, observamos un rápido movimiento de un ser cuanto menos extraño entre la vegetación que existía en el hotel...nos acercamos poco a poco, porque nos podía la curiosidad, y tras dar varios pasos hacia adelante, saltamos de repente ante el sprint que una "RATA" con palabras mayores emprendió para huir de las miradas de los allí presentes. Acto seguido y visto el tamaño de dicho roedor (parecía un perro), Vindel y yo nos miramos y dijimos....y nos fuimos a nuestra habitación olvidando por completo lo visto :P
Mientras todos disfrutábamos de las ventajas del hotel, Juan seguía con su proceso de ponerse moreno de manera artificial, para lo cual utilizaba unas pastillas que le habían proporcionado, relacionadas con la zanahoria o no se que mas jaja. Estas pastillas, por infortunio para él y descojone para nosotros, causaron un efecto cuanto menos gracioso, pues parte de su cuerpo sufrió cambios de color...mientras la otra parte permanecía del color original. Sus pies se hincharon considerablemente, pero por suerte todo pasó rapidamente. Hoy día todavía nos seguimos preguntando, ¿Qué coño llevarían esas pastillas? ^^
Una de las noches, una expedición considerable formada por varios chicos y chicas de Obras Públicas descubrimos que varios de los chiringuitos de "souvenirs" del hotel quedaban ligeramente abiertos o mal cerrados por las noches. A Fran, el cabecilla sin lugar a duda de todo esto, se le ocurrió la genial idea de acercarnos y meter la mano por las rendijas existentes para conseguir premios a nuestra estancia en el hotel. Todos fuimos pasando por caja y sinceramente no me gustaría ver la cara de muchos de los pobres Vendedores cuando al día siguiente observaran sus tiendas revueltas y vacías... . Nos repartimos el botín (siendo la mayoría de él collares horribles que no le daría ni a mi peor enemigo), y planeamos para la siguiente noche el que podría haber sido llamado como el "golpe del siglo"...pero por alguna razón, a partir de aquel momento ciertos señores aparecieron cada noche sentados en silletas en los tejados de las casas que rodeaban el patio del Hotel...llevando en sus manos lo que parecían ser escopetas., con lo que mejor casi que lo dejamos para otro viaje! jajaja.
Uno de las últimas noches, algunos de nosotrsos descubrimos la existencia de un maravilloso SPA ubicado en los escondrijos de aquel curioso hotel. Este descubrimiento fue debido a nuestra increible habilidad para mandar las pelotas de tenis a una gran distancia del lugar en el que se suponía que tenían que caer ;). El SPA tenía chorros, hamacas y aguas a diferente temperatura y con todo esto y el ambiente que se respiraba, no podíamos desaprovechar la oportunidad para fotografiar aquella experiencia con unos puros habanos de calidad, intentando aparentar ser ricachones que disfrutaban de unas tranquilas vacaciones en un viaje de negocios jaja!
La última noche, fue muy especial, bailamos la pera (un baile que tiene una coreografía digna de Fama), comimos nuestras últimas patatas fritas y recordamos todo lo que en aquella maravillosa isla habíamos pasado. Tras muchos bailes, bebidas y conversaciones, Juan y yo nos fuimos a la playa a tumbarnos en las hamacas y hablar de nuestras cosas.
Pasaron muchas otras cosas en ese viaje, como la apuesta de Vindel para ligarse a Ana Aroca, la pelea en el barro entre Rosa y Sonia (de la que todos tenemos una película en nuestra cabeza, por la emoción claro está ;) jajaja) o simplemente la forma de llamarme por parte de los miembros del hotel diciendo: "Es usted el señor YAINIS LOSANO", un nombre que sin duda quedará para la historia de todos nosotros ;)
Aquella última noche como decía, finalmente nos quedamos durmiendo y pasaron unas cuantas horas hasta que el sol de Punta Cana se dignó a despertarnos. Nada más despertarnos, vimos el sol, las palmeras y las aguas cristalinas que nos rodeaban, y tras echar un breve vistazo a mi cuerpo, que misteriosamente se había puesto moreno en tan solo una mañana de siesta, le dije a Juan, "Solo por esto, este viaje ha merecido la pena" :)
A todos los que formaron parte de aquella expedición y especialmente a los amigos de Obras Públicas, porque érais, sois y seréis muy grandes.
Os dejo aquí la canción que causó sensación durante todo el viaje :)
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